miércoles, 27 de junio de 2018

La cámara no hace al fotógrafo.

 


Lars Van De Goor es un músico Holandés, nacido en Amsterdam (1964).
Hace relativamente poco, en el año 2007,  descubrió otra vocación paralela a la música; la fotografía.
Ésta le ha dado popularidad y notoriedad en el mundo entero.

Un alma sensible la suya, enamorada de los árboles de su nativa Gelderland.
No me canso de mirar su trabajo, en cada foto me hace estar justo allí, en medio del bosque, con esa luz, ese ambiente, esa hermosa naturaleza y ese halo de misterio y magia que lo envuelve todo.
El escenario perfecto, para perderse y encontrarse.
 

 


Se me antoja que debe tener una sensibilidad fuera de lo común para hacer esas fotos.
Y me sorprende que no utilice una cámara réflex. Hace las fotos con una Panasonic DMC FZ 50
Como él mismo dice "la misma cuenta con todo lo necesario para que un fotógrafo amateur aprenda a disparar manualmente y desarrollar sus habilidades".

Excelsa habilidad la suya para expresarnos su particular manera de sentir y amar estos bosques.
Te toma de la mano y no te suelta.


domingo, 24 de junio de 2018

Cultura inmaterial.


Qué bonitas son las tradiciones, vistas y vividas desde el respeto.
Costumbres que se repiten año tras año, con un fin y significado particular.
Y no hace falta comulgar con ellas, ni seguirlas o practicarlas, para querer conocerlas y entenderlas.

Ayer vi la película "Coco" (Píxar) que trataba sobre el Día de Difuntos y me gustó mucho. Por sus personajes tan expresivos, por las costumbres tan bien perfiladas, porque es colorida, brillante y emotiva. Porque es alegre en el reencuentro y triste en la ausencia. Y sobre todo porque aprendí y quise saber más sobre esta tradición tan curiosa como bonita y antigua en el tiempo.
Fue declarada por la Unesco, en el año 2008, "Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad".

En México existen muchas comunidades indígenas que celebran el Día de Difuntos con todo un ritual de preparativos. Y aunque las culturas entre unas comunidades y otras puedan variar, hay un denominador común en todas ellas; la forma de celebrar y la calidez de recibir con respeto y alegría las almas de aquellos familiares que murieron.

Se parte de un concepto singular de la persona, según la cual la existencia es posible más allá de la vida humana.  Se cree que el destino de los difuntos es entrar en otra comunidad similar al que habitan los vivos, donde la gente convive en sociedad.


Los familiares recuerdan a sus difuntos haciendo un altar, en un lugar principal de la casa.
Los recuerdan colocando sus fotos, porque dicen que así es como tenerlos físicamente.
Adornan con velas y flores de cempasúchil, una planta autóctona de México y América Central.


Por último, colocan bebidas y comida, en ofrenda a los difuntos.
Cuando son niños también suelen colocar algún juguete o figuras de angelitos.

Utilizan los pétalos de Cempasúchil para marcar el camino que las almas recorrerán y así disfrutar del gran banquete, además de impregnar el ambiente con el aroma del copal, que luego usarán para bendecir la ofrenda.
Para adornar hacen arcos con esa flor, también alfombras y collares. Pero nunca coronas.

Toda las calles y cementerios se visten de flores y papel picado; un papel de seda que recortan de manera artesanal formando diferentes figuras.


Los colores del Día de Difuntos son llamativos, vibrantes, alegres.
Y cada uno tiene su significado.
El amarillo simboliza la luz y la vida, es la guía para las almas de difuntos.
El morado es el color del luto de la celebración.
El negro representa el sitio de los muertos.
Y el blanco es luz, inocencia, pureza. Representa el cielo.

El punto álgido llega a las 06:00 del día 1 de noviembre cuando los difuntos han terminado su trayecto y ya están en casa de sus familiares con el propósito de convivir por un día vivos y muertos.
Es una celebración de reencuentros, de solidaridad, de recuerdos.
Festejan la tradición, el ritual, y el fortalecimiento de los lazos familiares.
Es un día de respeto y no de miedo.

(Gracias Ana Luisa - mi buena amiga- aunque en tu región no se celebra esta tradición (lástima no haberla conocido por ti de primera mano con tus relatos e historias) me has confirmado que ahí se habla mucho de la película, diciendo que es fiel reflejo de la realidad).

lunes, 18 de junio de 2018

Epicentro.



Que nadie altere esa parcela íntima y personal, llamada felicidad. No lo permitas.
Que ni se atrevan a decirte cómo debe ser y qué debe contener. Oídos sordos.
Sólo tú lo sabes.
Lo sientes.
Tienes la profunda y amorosa certeza de estar en lo cierto.

Confía en lo que anida en tu interior y en quienes habitan tu universo particular. Son capaces de colocarte, una y otra vez , en el epicentro de la felicidad cuando tus propios ruidos te dispersan.
Esfuérzate en mantenerlo protegido, cálido, sereno, secreto, confortable, alegre, luminoso y constante.

(Fotos propias: Parque de El Capricho, Madrid)

viernes, 15 de junio de 2018

El patio de una casa de Delft.


El sentimiento está en el arte, por encima incluso del autor.
Es la primera idea que me vino a la cabeza al ver este cuadro, ya catalogado como uno de mis favoritos.

Mientras Vermeer y otros pintores Holandeses de la época, pintaban magistralmente escenas cotidianas del interior de las casas de Delft, aparece Pieter de Hooch y le da la vuelta a la escena, retratando lo que sucede al otro lado. En los exteriores y los patios de las casas de Delft.

Hay que recordar que para los pintores Holandeses de aquella época, el orden y la limpieza simbolizaban las mejores virtudes del ser humano, la decencia, el trabajo duro y la honradez. Así que corresponde a cada espectador, el ejercicio de dar un paso más allá en ese contexto e interpretar lo que nos quiso decir el autor al respecto.
Yo pienso que Hooch, sabedor de lo que sería una parte denostada de su querida Holanda, quiso dejar constancia de la misma y de la belleza inigualable que poseía. ¡Y vaya si lo consiguió!

La primera vez que vi esta obra, consiguió captar toda mi atención y detuvo mi mirada en cada milímetro de los trazos pintados. Seguía avanzando y viendo otros cuadros pero pronto volvía a éste nuevamente.
Me gusta la naturalidad de la escena, la autenticidad del momento; una escoba en el suelo, una madre con su hija que parecen venir del gallinero donde la pequeña lleva en su regazo algo.
Instantes de una vida real y cotidiana. Simple, sencilla, pero hermosa.
No hay posados ni escenarios perfectos y estudiados. Solo el momento y la magia de captarlo tal cual, con un realismo ejemplar.
El manejo de la luz es increíble, y esa paleta de colores me enamora.
Sublime la ternura que transmite.

Para quienes se aventuraron a decir que era un escenario inventado, solo tuvieron que seguir la pista de la placa que se ve sobre el arco, ha sobrevivido y dejado un rastro imborrable hasta el Hieronymusdael Cloister. En el mismo corazón de Delft.
En el mismo corazón que Pieter de Hooch, allá por 1658.

Punto y seguido.

Si quisiera enumerar las cosas que me aporta sumergirme en la lectura de un buen libro, creo que siempre tendría un punto y seguido; d...