viernes, 15 de diciembre de 2017

Feliz Navidad


No te deseo que quedes libre de toda pena,
ni que tu camino sea siempre de rosas
ni que ninguna lágrima amarga recorra jamás tus mejillas
ni que ningún dolor te atormente;
todo eso no es lo que te deseo.
Sino:
Que siempre guardes el recuerdo de los días buenos,
que atravieses con valor las pruebas,
aunque la cruz pese en tus hombros y
aunque la luz de la esperanza no brille.
Te deseo
Que todo don de Dios crezca en ti,
que tengas un amigo que merezca tu amistad y
que, en la alegría y en la tristeza,
te acompañe siempre
la sonrisa del Niño Dios hecho hombre.

(Antigua Bendición Celta Navideña)

Agradecerles a los que, durante todo el año, se han acercado hasta aquí a dejarme un poco de su luz. La atesoro con el mayor de los cariños.

¡¡Feliz Navidad!!
Sigamos soñando y sumando ilusiones.

(Foto propia hecha con el móvil. Belén de Moya, Diciembre 2017)

viernes, 1 de diciembre de 2017

Het meisje met de parel


Cuando escucho a alguien hablar sobre este cuadro de Jan Vermeer (1632-1675) lo primero que se repite es la palabra "misteriosa".
La chica misteriosa, la joven de la perla. Esa mirada, el turbante, la pose, ¿quién es ella?

Ciertamente me resulta un tanto misteriosa a mi también. O más bien, siento curiosidad.

Hace bastantes años leí el libro de Tracy Chevalier (hoy lo rescato de mi estantería). Ella nos da una visión muy particular de la joven, del pintor, de la vida cotidiana del S. XVII holandés, y de cómo surge un sentimiento que se mueve entre la admiración y el amor.
Griet (la joven) tiene dieciséis años cuando empieza a trabajar como doncella en casa de Vermeer y termina convertida en su musa.

Sin embargo la realidad de este cuadro, que se expone en Mauritshuis (La Haya) no es un retrato sino uno de los estudios de la cabeza de una mujer conocidos en tiempos de Vermeer como "tronies", estos representaban emociones o tipos.
Y claro, cuando uno descubre esto puede pensar que desvelado el misterio se rompe la magia....O no.

Yo opto por esto último.
De la misma manera que una pieza de música puede ser interpretada de múltiples maneras según el músico, o un libro puede tener diferentes interpretaciones en función del lector, Vermeer capta nuestra atención hacia el lienzo con su sempiterna paleta de azules y amarillos, y con su particular manera de plasmar los delicados efectos de luz.
La composición es poco corriente en él (acostumbrado a pintar escenas de la vida cotidiana en pequeña escala) pero el resultado es muy armónico y llama la atención. 
La perla plasmada con dos pinceladas reflejan con claridad el cuello blanco de la modelo.
Los ojos de la joven centellean y diminutos reflejos salpican el turbante.

Eligió un retrato del montón, de una desconocida, para hacerlo suyo. Creo que ahí nace el verdadero y eterno misterio de la obra. Sin olvidar la curiosidad del espectador y su interpretación.

Punto y seguido.

Si quisiera enumerar las cosas que me aporta sumergirme en la lectura de un buen libro, creo que siempre tendría un punto y seguido; d...