martes, 30 de mayo de 2017

Caleidoscopio concéntrico.



Inmensa la manera en que Yuja Wang se entrega al piano, y el piano a ella.
Tras una técnica impecable las notas vibran en sus dedos.
Su forma de tocar es pulcra, sentida, suave, tierna, intensa. Y su expresividad, sublime.
Admirable la delicadeza y sentimiento que derrocha al interpretar a Scriabin.

Por eso, y por muchas otras cosas, no deja de sorprenderme que este vídeo se haya visto popularizado por críticas sobre el corto vestido de Yuja Wang y si se le veía, o no, el liguero.
Un claro ejemplo de que cuando algunos ven negrura en lo que miran, la real negrura está en sus ojos y no en los demás.
Tuve que darle al play una segunda vez para fijarme en el vestido, del que no tengo nada que decir. Mientras mi oído disfrutaba la obra, mi vista se ha ido nuevamente a sus manos, a la expresividad de sus movimientos y al piano. Como si los tres fueran un solo elemento donde una parte no sería nada sin las otras dos.
Me pregunto si esas mismas personas de negrura intensa, no se habrán percatado de que durante más de trece minutos ha tocado al piano sin una sola partitura delante.
Se necesitan infinitas horas de estudio y práctica para tocar, de memoria, estas obras. Lo que no hace sino añadirle más mérito si cabe.

Al darle al play por tercera vez, he cerrado los ojos, y he conseguido oír un hermoso juego de círculos concéntricos que se mueven unos dentro de otros, sin vacíos. Que se desplazan a mayor o menor velocidad.
Una bonita suerte la mía, a modo de sinestesia, tal y como le sucedía a Scribian que oía un caleidoscopio de colores en cada nota que sonaba.

domingo, 28 de mayo de 2017

Espérame en la última página.


La tarde del Jueves, mientras visitaba una de mis librerías favoritas en la C/Domingo J Navarro 8, pusieron en mis manos el libro "Espérame en la última página" de Sofía Rhei mientras me decía con un tono convencido de que podría gustarme:
- Mira este libro.
Mientras iba de sus manos a las mías solo veía la portada y me echó un poco para atrás porque me hizo recordar a los libros de Federico Moccia que tan poco me gustaron y nunca terminé de leer.  Le di la vuelta y comencé a leer la sinopsis. Entonces mi cara fue cambiando, noté los músculos que se relajaban formando una pequeña sonrisa
-Este libro o gusta mucho o no gusta nada- le dije-. No va a tener término medio.
-¿Te animas?
- No sé, deja que lo piense, no estoy segura.

Pero decidieron por mi (¡gracias!) y el sábado por la mañana el libro estaba en casa. No sé si he batido récord de lectura porque tampoco lo contabilicé, pero una media hora por la mañana lo pude leer antes de salir y ya de vuelta por la tardecita seguí con él. Me esperaban para cenar pero apuré el tiempo, para entonces me quedaban 20 páginas para terminarlo y no podía dejar de leer!!!!
Es un libro que te atrapa.
En una primera parte conocemos a Silvia que vive una tormentosa relación con su amante, de idas y venidas, donde a pesar de ser consciente de que era una relación insana no podía salir de ella y caía una y otra vez.
Una amiga le pide que visite a un terapeuta de lo más pintoresco y ella accede.
Ahí comienza realmente la magia de este libro. El terapeuta es alguien muy peculiar (al final del libro se descubre quién es), que a través de los libros y la lectura que va recomendando consigue "sanar"a nuestra protagonistas.
Por sus manos pasan libros de Oscar Wilde, Italo Calvino, Gustave Flaubert, Terry Pratchett, Mary Shelley, etc...  Y como Silvia es una lectora ávida y amante de los libros se sumerge en cada historia con sus personajes y los hace propios, interioriza los sucesos y comparte sus emociones.
Poco a poco se va dando cuenta de la persona que ha sido hasta ahora (que no le gusta nada) y siente la necesidad de cambiar, comienza a verse más allá del círculo en el que ha estado atrapada y enganchada emocionalmente estos últimos tiempos.
Mientras esto sucede, hay historias paralelas, entran personajes nuevos en escena, etc, etc, etc.

Creo que Sofía Rhei ha hecho una buena novela, me pareció una idea de lo más curiosa y que jamás había visto reflejada en ningún otro libro.
Me atrevería a decir que en esta ocasión ha escrito principalmente para un público femenino. Lectoras amantes de las letras y los libros. Y soñadoras.

jueves, 25 de mayo de 2017

De percepciones.





Hay un Hotel el en Sur de Gran Canaria, que me encanta. Es un placer para todos y cada uno de los sentidos (y alguno más que se desarrolla estando allí.)
Es un hotel tranquilo, sosegado, un turismo civilizado que respeta las zonas comunes, el descanso y el silencio de los demás.  Está situado en un enclave muy bonito y especial.
Me encanta la recepción, esos techos altos y esas lámparas que si las bajáramos al suelo, podrían tener el diámetro de una decena de personas.
Me encanta ese piano de cola, que suena en directo mientras de noche te sientas a tomar una copa.
Me gustan  sus cómodos sillones y esas mesas de grandes troncos que sirven de base al cristal.
Me gusta salir a la terraza y seguir con la vista la piscina infinito.
Me gusta bañarme en la piscina llamada Río Lento, porque me dejo llevar dejando mi cuerpo ligero y mi mente en blanco.
Me encanta terminar el día en el jacuzzi junto al faro, cuando ya todo el mundo se ha recogido y apenas queda nadie por allí.
Y asocias como un íntimo sentimiento que llevas siempre contigo, a los buenos momentos vividos allí.

Cuento esto porque hoy he estado reflexionando sobre ello. En una conversación en la que yo estaba presente, salió el tema de los "buenos" hoteles en el Sur de la isla (la zona turística por excelencia, donde se encuentran las mejores playas y donde el buen clima siempre acompaña).
Me hizo pensar no tanto lo que se decía, que también, sino la manera en que se decía.
Aún hay gente que vive mucho del escaparate, de dar una imagen de puertas hacia fuera. Se les hace la boca bien grande hablando del último spa visitado, de una comida para dos cuya cuenta tenía tres cifras, etc, etc.
No critico a nadie, mucho menos juzgo a nadie, pero en un momento dado me resultó frío y artificial ese mundo perfecto que intentaban transmitir.  Me resultó falto de chispa, de calor, de cosas normales y sencillas.
La gente tiende a asociar que, lo que otros no tienen pero tú puedes tener, es lo más, es la bomba. Esa distinción de clases les hace parecer importantes y diferentes. Solo por eso, sin más motivos ni razones.
Y no me transmitieron nada de lo que les gusta y el por qué,  tan solo tuve la sensación de que proyectaban sus vidas en un espejo, anhelando "eso" que la sociedad establece como "lo mejor". Distinguirse, diferenciarse, pero sin un sentido personal.

Hablé de este Hotel porque me gusta y lo conozco.
De la misma manera que hablé del último Bungalow en el que estuve y que me encantó y que además recomendé.
No vivo mi vida en función de lo que otros quieran ver en ella, como si fuera un escaparate.
A todas estas, aunque pueda parecer lo contrario fue la nuestra una conversación distendida, para nada tensa, pero que me dejó un pozo que digerir, me hizo pensar.
Igual me equivoco, pero creo que si feo es juzgar y criticar, tanto o más lo es presumir y aparentar.

domingo, 14 de mayo de 2017

"Lo que queda detrás nuestro y lo que se extiende ante nosotros
son pequeñeces comparado con lo que existe dentro de nosotros".
(Ralph W. Emerson)

domingo, 7 de mayo de 2017

Resistencia y belleza.

La peonía es una flor que viajó de China a Europa en el sigo XVII y lo hizo para quedarse por mucho tiempo.
Es preciosa y un deleite para la vista.
Tiene nombres muy sugerentes:  Secreto Rojo, Regalo del dragón negro, Luna sombre la montaña Kun Lun,  Hada de la gruta, Polvo de Oro y Plata...
Una de sus variedades crece de manera salvaje en el Tibet, a más de 2.000 metros de altitud soportando temperaturas extremas de hasta  -20ºC.

Una resistencia sorprendente para algo aparentemente tan bello y delicado....
Me viene a la mente una comparación, esas personas, hombres, mujeres......que han conocido la derrota y pasado complicaciones varias, a la larga han resultado ser las personas más bellas que he conocido.

Punto y seguido.

Si quisiera enumerar las cosas que me aporta sumergirme en la lectura de un buen libro, creo que siempre tendría un punto y seguido; d...