viernes, 24 de marzo de 2017

Quedan hojas blancas por escribir.



Esta semana he tenido que ir a mi antigua Facultad a solicitar un certificado de notas.
Y me sorprendí a mi misma con esa visita, con reacciones inesperadas por mi parte.
Para ser sincera, la noche anterior estaba un poco nerviosa. No sabía por qué pues no habían motivos, pero regresar a ese Campus Universitario me iba a transportar a una época de la que -pensaba- ya me sentiría muy ajena, como pez fuera del agua, incómoda, fuera de lugar.
Y resultó ser justo lo contrario.
Qué sensaciones más agradables me despertó estar allí de nuevo.
Me sentí con la misma ilusión de entonces pero con mucha más experiencia. Me sentí segura, especialmente cómoda y ancha.
Todo sigue como entonces, la cafetería la han cambiado de sitio, pero salvo eso el resto sigue igual.
Ya casi fue un estreno para mi Promoción esas aulas, aunque compartíamos alguna asignatura en el edificio antiguo.
Al pasar por Administración a solicitar dicho certificado, reconocí cada pared, cada habitáculo de atención al público, cada corcho de notas, las vitrinas, los ventanales y esos estores tan opacos pero traslúcidos a la vez...
Me atendieron muy bien, siempre en el ambiente de las Universidades hay un halo de respeto y seriedad que en pocos lugares de atención al público se respira.

Al terminar las gestiones no me dirigí al coche para regresar a casa. Algo etéreo me impedía irme de aquel lugar.
A los pocos metros vi alumnos esperando el ascensor pero yo me resistí a tomarlo y subí por las escaleras. No tenía rumbo fijo, tan solo me dejaba llevar allá donde mis recuerdos me invitaban a regresar. Aquellas papeleras al comienzo de cada piso con el logotipo de la Universidad, los anchos pasillos tan luminosos, el silencio fuera de las aulas, el rumor del profesor dentro de algunas.
Caminé despacio como cuando saboreas un buen helado que no quieres que se acabe.
Subí otro piso más.
En mi incursión tropecé con un profesor (entiendo que lo era por la edad que aparentaba, pero no lo conocía). Yo subía y él bajaba, nos saludamos cortésmente.
Me sentí una más, lejos quedaba la sensación de la noche anterior al imaginarme como una intrusa.
Mis pisadas eran seguras y me entraron unas ganas enormes de comenzar a estudiar. De volver a aquella época, con un pálpito en el corazón de que ahora la viviría de otra manera,  más relajada y disfrutando más del momento y de todo lo que me rodeara.
Disfrutar.

En medio de este particular paseo conmigo misma, me apoyé en la repisa de una de esos enormes ventanales. Cuando teníamos exámenes nos sentábamos todos allí, son tan anchos que caben muchas personas con sus bolsos y respectivos apuntes.
Me acomodé y dejé que mis pies colgaran, relajados, mientras hojeaba las tres páginas de certificado que me acababan de dar.
Me emocioné hasta las trancas, de cada línea, cada nota, cada asignatura. Cada una de ellas tenía detrás una historia imborrable para mi.
¡Cuántas historias resumidas en una línea, y otra, y otra, y otra......!
Cada anotación tenía un estudio, un programa, unos nervios, un momento, un lugar, un resultado, una época, amigos, familia, profesores, clases, tomar notas, hablar en los pasillos,  miradas, latidos, se iba forjando un trozo de mi historia dentro de las aulas y fuera de ellas.

Curiosamente tenía una vaga sensación de que mi paso por la Universidad era más bien de "bienes" que de "notables y sobresalientes" porque la recuerdo con mucho esfuerzo  y con un nivel bien alto. Me sorprendí a mi misma cuando las páginas hablaban que mis mejores notas- notables la mayoría- eran asignaturas de estadística, matemáticas financieras, dirección de empresas financieras, contabilidad financiera, macroeconomía y microeconomía. Mis bienes eran asignaturas de derecho, marketing e historia. Y mi única Matrícula de Honor fue en Dirección de Empresas Financieras III (de la especialidad de Finanzas) caray qué orgullosa estuve de esa nota en su momento y qué regusto me dio verla de nuevo allí en papel.
Sí, una historia tras cada nota. Historias que no se olvidan. ¡Cómo no emocionarme!
Orgullosa también de los 5 (que hubieron varios) porque sé el valor que había detrás y orgullosa de salvar muchos obstáculos porque llegué a la meta.

Si volviera atrás en el tiempo, estoy segura de que repetiría una y mil veces aquello vivido . Mi elección resultó ser una vocación. Las ciencias y los números, mi mundo empírico y científico, palpable, numérico, demostrable, lógico, estadístico, práctico.
Muy práctico.

Supongo que la ULPGC es la misma pero sin duda yo no soy la misma de aquella Promoción de estudiantes.  La perspectiva del tiempo transcurrido y de un mercado laboral devorador, me hace verlo todo con otro prisma.
Aquella mañana, ganándole la batalla a lo etéreo, regresé al coche y de allí a mi destino.
Eso sí, me acababa de ir y ya sentía unas ganas enorme de regresar al Campus y no salir de él!!!!

8 comentarios:

  1. ¡Qué hermoso relato! Nirar hacia atrás y sentirse satisfecha no es poco. Tener la capacidad de contarlo de manera tan expresiva, magnífico.

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    1. Muchas gracias Roberto.
      Tener amigos como tú, que ven todo lo que me rodea de manera tan linda, pues es un gustazo!!!
      Agradezco tus palabras porque sé de dónde salen.
      Gracias también por expresare en privado lo mucho que te llegó en cuanto a sensaciones, no en balde fueron muchos los años que estuviste dentro de las aulas Universitarias enseñando y esa vocación se siente siempre, no tengo la menor duda. Aunque fueran otras aulas, otros alumnos y hasta otro hemisferio :-)
      Gracias por tu comentario.
      Un beso.

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  2. Fantástico regreso a un pasado cercano. Hecho el balance es muy gratificante constatar que ese viaje, no el regreso a la Facultad sino al viaje en la formación, ha resultado más que satisfactorio.
    Enhorabuena.
    Y te quedan muchas hojas por escribir... sigue...

    Un beso

    · LMA · & · CR ·

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    1. Hola Ñoco.
      Muchísimas gracias por tu cálido comentario.
      Fue fantástico, no puedo decirlo más claro, solo más alto! :-)
      Ojalá todos los viajes que emprendamos en nuestra vida nos sea gratos cuando también se vean desde la distancia. Y sabemos que no hablo de aviones, trenes, países lejanos, etc, etc. sino otro tipo de viajes personales y hacia adentro.
      Muchas gracias por tanto cariño y ánimos, ojalá queden muchas páginas. ¡A seguir siempre!

      Un beso.

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  3. Que ilusión poder mirar atrás y sentirte satisfecho de los avances obtenidos.
    Te cuento a grandes rasgos. Estudié bachiller superior, era un niño inteligente, en realidad era oír o leer algo y recordar el concepto, pese a tener mala memoria.
    Pasé a estudiar peritaje industrial especialidad electricista (actual ingeniería industrial), electricidad, hidráulica, mecánica, matemáticas, dibujo industrial... Lo pasé mal.
    Entré a trabajar en Telefónica, hice cuatro cursos, mecánico en telecomunicaciones, operador, encargado de equipo, especialista en transmisión de datos, en todos ellos saqué el número uno, excepto en uno de ellos, que fui el número dos.
    Ya trabajando, y a todos mis compañeros que me lo pedían, enseñaba y compartía mis conocimientos (yo era el que más aprendía ya que había cosas que tenía que estudiar para poderlas enseñar).
    Esto me valió que me hicieran profesor colaborador, daba cursillos y seminarios a mis compañeros, en este caso legalizando las clases y cobrando por ellas, es el periodo al que más añoranza tengo, pero todo se acaba en esta vida y ahora cuando me reúno con ellos (los miércoles por la mañana), aún me recuerdan anécdotas sobre las clases y la forma de compartir que tenía. Perdón por mi extensión.
    Besos

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    1. Hola Jubi.
      Muchas gracias por tu comentario, como bien apuntas mirar atrás y sentir satisfacción o incluso más allá, sentir ganas de continuar con aquello....no tiene precio.
      Enhorabuena a ti también por esa mirada atrás, como no sentirte agradecido con la vida y afortunado por lo conseguido.
      Mi admiración hacia ti y mil gracias por compartírmelo.
      ¡A seguir escribiendo en nuevas páginas blancas!

      Un beso.

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  4. Claro que eres una persona distinta, para empezar tienes bajo el brazo una carrera aprobada con buenas calificaciones. No m extraña que te sintieras tan a gusto, je,je, sin los nervios ni la incertidumbre de los exámenes.

    En serio, a uno le gusta recordar esos momentos que con sus sinsabores ya alegrías nos han ido construyendo. No nos hacemos de la noche a la mañana, sino que es un proceso largo y elaborado que, además, sigue produciéndose.

    Por supuesto que te quedan muchas páginas en blanco. Pronto palpitarán de recuerdos, de palabras y de vivencias.

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    1. Hola Tawaki.
      Muchas gracias por tu amable y cariñoso comentario.
      Ciertamente miraba a los alumnos que luchaban por algo que ya yo tenía y en mi interior algo decía "ehh, aquí, ya yo lo tengo, sí, eso por lo que tú luchas". Pero entiéndase que era de cariño y risas contenidas, boberías varias no más.
      Lo que no quita que lleves razón, cuando lo miras sin nervios ni incertidumbre y con el título bajo el brazo, todo se ve distinto!!

      Son partes importantes de nuestra historia.
      Uno no se hace de la noche a la mañana. Es más, uno no se termina de hacer nunca. Recordar esos momentos de montaña rusa (subidas y bajadas, en todos los aspectos) y cómo nos marcaron y ayudaron a crecer y aprender, es muy gratificante recordar y revivir al estar allí de nuevo (in situ).
      Que palpiten tus páginas blancas también, Tawaki.
      Recuerdos, palabras, vivencias.
      ¡¡Sigamos pues!!
      Gracias de nuevo.
      Un beso.

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Talhr

Cuando el alma habla y silencia al mundo entero. Cuando una mirada llega hasta el infinito. Cuando una sonrisa evidencia el sentimiento. ...