sábado, 27 de agosto de 2016

Fuerte parranda.





Llevaba tiempo viéndole cara de babieca. No era habitual en él y ya me tenía preocupada.
Por eso fui a su casa. Allí estaba su hermana que también quería hablar con él, dio un boquinazo antes de entrar.  Por suerte no había pasado el fechillo.
Al entrar lo encontramos repoteado y con un colorín en el regazo como su estuviera entullado en un frangollo de habitación.

-Esto no puede seguir así - le dijimos- Tienes que ageitarte en algo.
- ¡Vaya guineo, vemería!- replicó él-
- Malimpriado- balbuceamos las dos con el mismo cloquío-.

Estaba claro que aquello no había empezado con buen pie, así que propuse irnos a un guachinche para hablar y papear. Todos teníamos jilorio y él, como siempre, ganas de belingo así que aceptó de inmediato.
Entonces le entró un palique tremendo y nos reconoció que había sido un singuango con nosotras dos y nos pidió disculpas.
Todo se aclaró y prometió que sería su última patujada, reconociendo que se había safado metiendo la pata en la bacinilla hasta el totiso.

Estábamos embostados y regresamos al pueblo donde unos papahuevos estaban noveleando en medio del tenderete y los voladores. Llevaban geito todos ellos.
Hicimos señas al guagüero y nos fuimos a casa, ya no aguantábamos la calufa.
El chófer iba todo grifiento y yo de buena gana le hubiera escarmenado.
Ibamos arrebujados cuando de pronto una señora gritó porque vio una chopa enorme y nosotros, que para entonces nos habíamos empelechado, le dimos con la chola.

Ella tan agradecida nos invitó a un macanazo y nosotros quisimos echarmos el últime buche antes de que empezara cualquiera a jirimiquiar y tuviéramos que jeringarnos los demás.
Con la arrancadilla alegamos un pisco más porque estábamos enraladas, yo particularmente por el cambio de mi amigo. Para entonces ya parecía otra persona, estaba hecho un fincho, totalmente desempercutido. Y yo estaba cada vez más convencida de que pronto las cosas iban a furular de maravilla.

miércoles, 24 de agosto de 2016

El Violinista Con Botas.


Maravilloso Ara Malikian.
Sé que no me equivoco al asegurar que este hombre toca el violín en otra órbita, fuera de cualquier esfera terrenal. 
Su relación con el violín es tan única como lo es él. Se palpa en cada nota.
Innovador, alegre, amante de la música, rompedor de reglas, capaz de extenuarte de emoción y de contagiarte la alegría que transmite.
Me convence, me conmueve, me emociona, me llena de sensaciones únicas. 
Me eriza la piel desde el minuto cero hasta que la última nota arquea las cuerdas de su violín. 

Todo él es puro espectáculo.
Ese aire indomable, la autenticidad que subyace tras esa forma de interpretar la música. 
Apostó y ganó, rompiendo los cánones elitistas de la música clásica. 
En sus conciertos no hay ni una sola nota fuera de lugar ni fuera de tiempo. Ejecuta a la perfección cada obra y respeta la esencia de la misma. Pero Ara Malikian va más allá, porque está enamorado de la música y eso se transmite sin trampa ni cartón.
Con el violín en su barbilla, es capaz de tocar el cielo y llevarte a ti con él.
Se me antoja pensar que sólo quien ama la música a esos niveles y la ha vivido desde niño con esa intensidad, es capaz de entender en su absoluta magnitud el sentimiento de plenitud que abarca.

En su Beirut natal, se refugiaba de los bombardeos en un sótano junto a su familia y vecinos. 
Allí abajo la vida continuaba; bailaban, cantaban, tocaban instrumentos. 
Aquel jolgorio libanés suplió la formación académica de Ara, que aprendió a deslizar su arco sacando de oído las canciones tradicionales armenias. 
Su padre, violinista profesional, le enseñó a tocar el violín desde niño. Era severo con él y le exigía practicar muchas horas al día, quería que su hijo llegase a donde a él le hubiera gustado llegar. Consiguió que Ara amara la música.

Estudiar música en Alemania fue el pretexto utilizado por la familia para alejarle de la guerra. Tenía quince años y consiguió una beca del Gobierno Alemán para formarse en el Conservatorio de Hannover. Su padre en aquel momento le despidió diciéndole: "Ahora estás solo, en un país donde no conoces a nadie. Tienes que trabajar diez veces más y mejor que los alemanes para ser un gran músico".
Allí recibió una educación musical reglada. El se esforzaba por ajustarse a las medidas de la música estándar pero la ortodoxia no le iba. Durante años trató de ser un músico clásico al uso pero no encajaba con el protocolo y la rigidez que acompaña al género. A pesar de que ensayaba doce horas al día, si fallaba una nota en el escenario no dormía. Quería hacer las cosas bien, pero no le salía como le pedían. Hasta que un día se dio cuenta de que no estaba cómodo en ese mundo y se liberó. Volvió a apostar y ganó.
De Alemania saltó a Inglaterra, luego vivió en Francia y en Italia, hasta que llegó a España donde ganó el concurso Pablo Sarasate de Pamplona y tiempo después se convirtió -durante siete años- en concertino de la Orquesta Sinfónica de Madrid.
Desde entonces ha grabado sesenta discos con música que va de Vivaldi a Schumann, pero asegura que su héroe es Bach. Ha tocado en cientos de escenarios de todo el mundo.
También dice que Paganini le inspira porque fue virtuoso con el instrumento y un revolucionario de su época. De Schubert dice que es otro de sus predilectos y considera su música de cámara inigualable. Aunque si hablamos de música para orquesta, afirma que se queda con Stravinsky.

 "Salto y hago piruetas en el escenario para romper la seriedad de la clásica. Lo que importa es la emoción, la expresividad, no dar la nota perfecta".

"Si no aprendes a amar la música acabas aburriéndote y no trasmites nada". 

(Yo no puedo estar más de acuerdo con sus declaraciones y entender e identificar en primera persona ese amor por la música y su magia. Solo con escucharlo y verlo actuar, me contagia y me llena de energía).

viernes, 19 de agosto de 2016

La Banda de Los Goldman.

Cuando una novela consigue desde la primera página atrapar toda tu atención, y no sueltas el libro concentrando tu interés en cada una de sus páginas hasta que llegas al final del mismo...........¡¡es pura magia!!
Ser escritor es una profesión muy especial, capaz de despertar en los lectores emociones que llevábamos dentro pero no habíamos canalizado hasta entonces, porque no es hasta ese momento en que nos presenta a nuevos personajes, escenarios antes desconocidos y tramas por descubrir y vivir.
No es en sí lo que te cuenta, ni tan siquiera si te lo crees o no, es la manera en que a través de los ojos del autor se te muestran las piezas de un puzzle que tú recompones con tu sello personal.

Dos tardes me ha llevado sumergirme en "El libro de los Baltimore". (Autor: Joël Dicker.)

De la misma manera que hay gente que tiene buena letra frente a otros con una caligrafía horrorosa, hay escritores que tienen una bonita manera de escribir, frente a otros que aún siendo autores de exitosos libros, sus formas o maneras no son estéticamente tan bonitas.
He descubierto que Joël Dicker  "escribe bonito", y me gustó mucho este libro. Sobre todo, la manera en que dosifica el misterio a lo largo de la historia que nos cuenta; de principio a fin.

Es un libro con el que en medio de cualquier página, te descubres en busca de un block, anotando frases que te resultan especialmente bonitas o interesantes.

"La fama solo es un traje, Sycoromus. Un traje que al final te queda pequeño o está gastado o acaban robándotelo. Lo que cuenta por encima de todo es lo que eres cuando estás desnudo". (Joël Dicker, El Libro de los Baltimore).

domingo, 14 de agosto de 2016

Artista Irlanda 48


"La humildad, la falta de ostentación,
la capacidad de perdonar, la sencillez,
la pureza, la perseverancia, el dominio de uno
mismo.....Todo esto es la sabiduría. Lo opuesto
a esto es la ignorancia...."
(El Bhagavad Gita)

Callejeando por el extrarradio de Dublín, dejando atrás los grandes y llamativos centros comerciales, me encontré con un mercado de lo más variado y pintoresco. 
Este amable señor estaba en uno de los puestos. El habitáculo era reducido y se abría como los confesionarios de media puerta. Me quedé maravillada por las cosas que hacía, unos dibujos preciosos y pulidos hasta el más mínimo detalle. Pero más maravillada me dejó cuando descubrí cómo trabajaba y cuál era su método para dibujar: El puntillismo.
Nunca había visto a nadie hacerlo, aunque conocía la existencia de ese método.
Resulta que el lápiz lo tiene en la mano derecha, la posición del lápiz y de la mano no cambia, es estática. El movimiento necesario para hacer esas obras de arte es que su dedo corazón de la mano izquierda da pequeños toques rítmicos y certeros al dedo corazón de su mano derecha y así acciona el movimiento del lápiz a su antojo y con ello avanza el dibujo puntito tras puntito.
Espectacular.
Cuánta paciencia hay que tener para trabajar de esa manera. Y amor al arte.
Y perseverancia....Y dominio de uno mismo y de la técnica.... Y algunas cosas más.
Me dijo que llevaba muchos años dedicándose a ello, prácticamente una vida entera, y tras preguntarle si podía hacerle una fotografía, respondió amable y afirmativamente. 

viernes, 12 de agosto de 2016

Parafraseando

Parafraseando y jugando con las letras. Ambas cosas hace un bar de la capital, ubicado en una preciosa avenida peatonal al lado del mar.
Y es que en el anexo al local hay un muro de su propiedad, que de tanto en cuanto, cambian de color de fondo para escribir encima una frase que también van cambiando.
A veces una simple letra hace que cambie todo el significado de la frase. En otras ocasiones es un juego de complicidad.
Siempre resulta agradable pasear por allí. Ahora además, cuando miro el muro, me pone una nueva sonrisa en la cara.








(La primera foto es propia, tomada hoy mismo con el móvil. El resto de las que había fotografiado porque me habían gustado, resulta que ya no las tengo en el móvil, así que he tirado mano de la red y las fotos publicadas por el local (que se llama "Mumbai")).

lunes, 8 de agosto de 2016

Asunto.


Atentados, muertes, miedos, opresión, asesinatos y asesinos, radicales, viles que aplauden la muerte humana, violencias, insolidaridad, injusticia, pobreza, desigualdad, maldad, falta de respeto, intimidaciones, abusos.
....
....
¡Cuántas cosas caben en unos largos e infinitos puntos suspensivos!

No sé qué le sucede a este mundo pero todos los días las noticias nos bombardean del mismo lado; el malo y negativo.
Si todo tiene un orden, después de las muertes y heridas humanas y animales, estarían las pérdidas de la naturaleza provocada por el hombre.
Cinco días llevan sofocando un fuego en la isla de La Palma, que aún no se ha extinguido y ya ha arrasado miles de hectáreas de bosque de pinos, muchas de ellas "Reserva de La Biosfera".
Muchos evacuados de sus casas, un agente forestal fallecido mientras trabajaba extinguiendo el incendio, una isla desolada envuelta en impotencia y rabia, una familia que llora desconsolada la pérdida de un marido y padre de cinco hijos. Y todo porque un señor hizo sus necesidades fisiológicas y no se le ocurrió otra cosa que prender fuego al papel higiénico utilizado. He ahí el conato.

Igual puede parecer que estamos solos en un gran océano a la deriva, pero yo no pienso soltar el remo ni aflojar las fuerzas con que bogo sin olvidar el fin.
Sigo manteniendo la esperanza de que algún día, de esos en que dicen que las nubes se van y sale el sol, desaparezca esta negrura que envuelve las noticias de nuestro día a día, y comprobemos que no remábamos solos y que aún con altibajos, la balanza se vira del otro lado: del bueno, del positivo.

lunes, 1 de agosto de 2016

Storm Chaser.

La fuerza, o furia, de la naturaleza es capaz de mostrarnos verdaderos espectáculos y fenómenos que nos dejan sin aliento.
Es increíble cómo nace un tornado y cómo existen cazadores de tormentas- capaces de poner en riesgo sus vidas-  por la caza de uno. Salen muchos días de su casa, sin ruta predeterminada porque la dirección de las tormentas es muy complicada de determinar. Y después de recorrer miles de kilómetros y tener algo de suerte, consiguen fotografiar y ser testigos de un acontecimiento de tal magnitud.
Es algo que me hipnotiza y sobrecoge. Supongo que el "dejar sin aliento" provoca en mí, ese efecto secundario.
Me hace pensar en lo pequeñitos y poca cosa que somos, ante la enorme fuerza de la naturaleza y sus capacidades inimaginables.
El verlo tras una pantalla da otra perspectiva, por supuesto de seguridad y nada de miedo, pero siempre me acompaña el sentimiento de respeto. De un inmenso respeto a la naturaleza y su furia desmesurada.

Abrigo de Luz.

"Que la luz alumbre tu camino.  Que las estrellas guíen tu búsqueda. Que la dulce lluvia acaricie tu corazón.  Que la suave...