miércoles, 30 de diciembre de 2015

LUZ

Ximena es una mujer fuerte, valiente, decidida. De una generosidad extrema y una piedad infinita.
Su compromiso y el alcance de su sacrificio tampoco tiene límites.
Ella hace años que vive en Alepo (Siria).
Y el otro día, "me contó" cómo es la vida allí. Claro que a ella no le importa compartirlo con nadie, es más lo agradece, pues lo que busca entre otras cosas es que se sepa lo que está sucediendo en Alepo. Que alguien de LUZ a los acontecimientos de allí.
Ella da esa luz.
Nos invita a descorrer unas cortinas de realidad, detrás de las cuales descubrimos el día a día de los habitantes de Alepo.
La gente allí sale a las calles en medio de los escombros y casa derruidas. Tras un período inicial encerrados esperando a que la situación de bombardeos y persecución a la que estaban sometidos cesara, vieron que no terminaba la cosa sino que iba a más y más. Entonces decidieron salir de sus casas y encierros, intentando de una manera u otra, seguir con sus vidas.
Caminan entre esas casas derruidas y lugares destrozados, de lo que en su día antes de esta barbarie,  fue una gran ciudad y pulmón financiero del país.
Los niños dentro de su inocencia coleccionan balas, se las intercambian entre ellos cuando van a la parroquia.
Los estudiantes han retomado sus clases, los Universitarios también.
Hay ocasiones en que Ximena va por la calle y siente el sonido de una bala, impacta a pocos metros suyos y cuando la recoge aún está caliente.
Dice que siempre tienen que ir con zapatillas deportivas, porque cuando menos lo esperan deben salir corriendo a toda prisa.
Tanto ella como el resto de la gente que vive en Alepo han aprendido a distinguir el sonido de las bombas cargadas de explosivos y metralla. La onda expansiva lo llena todo de vidrios, cristales rotos.....y se cobijan tras algo "sólido" (esa es la palabra empleada por Ximena), que cobije y amortice el impacto en sus cuerpos.
Ella cuenta que después de un bombardeo ya no ves ambulancias, solo camiones que se apuran a recoger los restos humanos y meterlos en bolsas de basura, para llevarlos a la morgue. Cuando la gente echa en falta a un familiar, tiene que ir hasta la morgue y mirar bolsa por bolsa, a ver si entre aquellos restos de cuerpos, algo les lleve a comprobar si finalmente es, o no, su familiar.

La gente allí tiene muchas frases propias fruto de sus muchas vivencias, y entre ellas Ximena nos compartió una que allí los perseguidos por esta guerra, emplean mucho: (*) "Puedes quitarme el cuerpo, quemar las iglesias, pero no puedes quedarte con mi alma".

Ella podría mostrar muchas fotos duras, llenas de aquel horror diario, pero solo me comparte una "suavecita" -dice- (entiéndase suavecita comparada con otras). En la foto, aparece la imagen de una mujer que está en la calle, atada a una columna y su cuerpo expuesto a la gente. Gente que la apalea buscando con ello hacerla renegar de su fe cristiana. Como ella no reniega, haciendo suya aquella frase tan fuerte que nos señala Ximena (*), terminó muerta allí, tal cual.
De la conversación con Ximena tengo muchos más retales que se agolpan en mi mente, pero no me hacen daño. Sus palabras no son hirientes ni exhibicionistas, aunque sí remueven mi interior y no me dejan indiferente. Palabras que no vienen cargadas de reproches ni siquiera de exigencias, solo de un mensaje llano y misericordioso. Y es que en medio de un infierno lleno de Kalashnikov, bombas, persecuciones, calles gobernadas por francotiradores, etc, la gente no puede huir y solo protegen su vida y la de quienes tienen alrededor.
Ella es la mensajera de las muchas voces que un día y otro también viven el horror en Alepo. Piden ayuda, piden LUZ a su realidad de tal manera que el mundo conozca lo que sucede en esa parte del mundo, conozcan su historia, sepan que existen y que les ayuden.
Que esto pare de una vez.
Cuesta entender que en la era de las tecnologías donde envías un Whatssap ahora y al segundo ya lo ven en la otra parte del mundo, nadie hable de Alepo, ¿verdad? Y del horror que la gente de allí está viviendo todos los días, semanas, meses........y ya llevan cinco años.

Hay otra foto que Ximena me muestra y se me quedó grabada en la retina de manera especial después de escucharla, de conocer tan a fondo esta cruda realidad.
En la foto hay un grupo de gente de Alepo (niños, jóvenes, adultos de mediana edad, algunos más mayores) que posan en grupo para el fotógrafo y tienen algo en común: todos sonríen.
Y tú te preguntas, ¿cómo puede ser? (en medio de ese horror).
La sonrisa en sus caras, en sus ojos.... es el reflejo del alma. Y de nuevo aquella frase (*)
Ellos viven cada día pensando que realmente podría se el último día de sus vidas - me dice Ximena- Y me insta a que imagine, aquí en Occidente donde casi nunca tenemos en mente la muerte, lo que es pensar eso (incluso varias veces el mismo día) que ése puede ser el último de tu vida.
Sonríen - me dice- y esta vez lo hace sonriendo ella también. ¡Claro que sonríen!
No se enfadan entre ellos. Para qué, si realmente pensaras y sintieras que puede ser el último día de tu vida, tú tampoco te enfadarías, no tiene sentido. Lo aprovecharías de otra manera. Aún viviendo aquel infierno.
Claro que como dije antes Ximena es una mujer fuerte, valiente, decidida. De una generosidad extrema y una piedad infinita.
Pero no es la única.
He aprendido mucho de ella y de la gente de Alepo en general. De los que sonríen para esa foto y de quienes no salen en la ella también. Todos ellos sí dan infinitamente mucho más más de lo que nos piden.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Algo falla.

Bla bla bla.
Cansada estoy de los debates televisivos entre Partidos Gobernantes y Oposición. Candidatos que nacen pero no se hacen.
Palabras y más palabras vacías. Sin otro contenido que no sea el de atacar para salir favorecido en el voto.
Promesas que la gente quiere oír, con resultado de aplausos que quiere escuchar el que promete. Vítores, pancartas, panfletos.
Algo falla, no se termina de arreglar lo que está mal, y solo veo que cada vez son más los que se suben al carro pero no hacen por solucionar los principios.
Bla bla bla.
No me convences. Me aburres.
A veces mi mente juega a dispersarse y visualiza una imagen: Una manguera a presión que barra, que limpie, que elimine el lastre de esas personas que juegan a gritarse palabras vacías de contenido.
Cansada de tanto tira y afloja. De tanto me insultas, te insulto. De tanto eres un mentiroso y yo prometo.
Cansada de eso, voy y tropiezo hoy con una realidad, la que está en los cimientos. Una de tantas realidades que existen en cualquier lugar.
Una calle peatonal de la isla, en pleno pulmón de la capital. Unos necesitados esperan a que abra un centro de acogida y medicación. Una señora duerme, desamparada por completo, sola en medio de la calle. Ni un cartón bajo su cuerpo ni una manta sobre él.
Las miradas se posan en ella, pero no la ven, no existe, no gusta, pasan de largo.
Y se acostumbran a esa indiferencia. Un día y otro.
Probablemente llegará un día en que ella ya no esté tirada en esa calle. Ni en otra. Y no porque tenga un hogar ni una familia ni una ayuda recibida, sino porque simplemente ya no estará. Y el resto ni se enterará.
Pero hay más gente, no es la única. Ellos no son números, son personas que viven una realidad que no han buscado, con una suerte incierta.
Bla bla bla.
Y quién habla de ayudarlos?
Quién habla de ellos? Si te descuidas, en sus mítines, se pondrán una medalla y saldrán en la foto, maquillando la realidad a su conveniencia.
Cómo no voy a estar cansada de ustedes?
Gobernante, Oposición, Candidatos....¿De verdad creen que me interesa algo de lo que están diciendo? De verdad piensan que me resulta meramente viable y positivo lo que plantean? De verdad quieren convencerme de que harán un mundo mejor y próspero para todos?
No.
Lo harán para ustedes.
Para la cúpula.  Son promesas de doble sentido, feedback, con total intencionalidad.
Me das, te doy.
Quid pro quo.
Pero no reparan los cimientos, no arreglan lo que de verdad está roto porque no quieren, porque no les gusta, porque no es popular, porque prefieren mirar para otro lado......y seguir escuchando el sonido de sus bolsillos y de quienes les aplauden.

viernes, 4 de diciembre de 2015

El valor del dinero frente a la riqueza

No me gusta la gente frívola, que tan poco se valora a sí misma que baila al son de la mayoría.
No me gusta esa gente que "dice hacer" cosas que igual ni han pasado para quedar "bien" y sentirse integrado.
No me gusta esa falsedad.
No me gustan los estereotipos ni la gente vulgar.
Y con vulgar no expreso ninguna connotación económica ni social, sino personal.
No me gusta la gente materialista, la que ve el dinero como una meta y un logro a codiciar. La gente que quiere más dinero cuando no lo necesita y que hace suya esa frase materialista "tanto tienes, tanto vales".
No me gusta la gente que vive una realidad que no es la suya.
Y que intenta aparentar lo que no es, por simple aceptación social.
No me gustan las mentes cerradas, no me gusta la falta de respeto.
No me gusta ni siquiera el tacto frío de ese vil metal. La codicia que hay detrás y cómo transforma a algunas personas.  Incluso cómo las separa.

Me gusta la gente sencilla, honesta y honrada.
La gente auténtica que no necesita fingir para sentirse integrado ni valorado. Fiel a sí misma.
Me gusta la gente natural y que tenga una mente abierta. Y el corazón abierto también.
Me gusta la nobleza en las personas, la bondad, la ternura. Valoro también la inteligencia que consigue no aburrirme y hacerme reír a cada momento.
Me gusta la gente que anhela mejorar para sí misma y no para los demás. La gente que no envidia el bien ajeno ni codicia la fortuna de otros.
Me gusta la gente que tiene sus propios sueños, que no se pone límites ni se condiciona por los sueños del resto de la gente ni quiere imitarlos por seguir una moda que no va con ellos.
Me gusta la gente que respeta, que valora las cosas, que se esfuerza porque nadie le ha regalado nunca méritos.
Me gusta la gente íntegra. La observadora, sensible, capaz de ponerse en el lugar de los demás.
Me gusta la gente crítica porque despereza tus errores.
Me gusta la gente que se sabe dar a sí misma sin poner condiciones.  Y la gente que no espera nada, porque sus caras cuando reciben algo, no tiene precio.
Me gusta la gente que no es avariciosa y que da el justo valor al dinero, viéndolo como un medio y no un fin para ser rico, poderoso, leyenda, tener estatus o imagen donde otros quieran verse.
Me gusta comprobar, cuando me dicen que quien más da es quien menos tiene, que la verdadera riqueza no se ve; está en el corazón y en el alma de muchas personas.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Andrzej Wróblewski

Creo que es un ejercicio más que recomendable visitar una exposición de cuadros, del que no conoces nada del autor. Es una manera de admirar una obra y hacerla tuya, sin "contaminaciones" externas, sin encontrarle sentido real sino el subjetivo tuyo propio. Y que te transmita unas emociones que no estén condicionadas a una época, a unos hechos o unos acontecimientos, a una intencionalidad.

El otro día lo puse en práctica. Tuve la oportunidad de visitar una bonita exposición de cuadros, en Madrid. A la entrada de la sala habían folletos que indicaban el nombre del artista -Andrzej Wróblewski - que yo reconozco no sabía absolutamente nada del mismo.
En un primer recorrido a la exposición me sorprendió la versatilidad entre el estilo abstracto de algunas de sus obras y el arte figurativo de otras. Era un contraste importante, pero más bien lo veía más como algo que se complementaba que como algo discordante.
Me gustaron los estallidos de color en la parte abstracta (aunque no soy nada de arte abstracto, me gusta bien poco o nada) y también la sobriedad de otras obras suyas más monocromáticas.
Y me resultó sumamente curioso y original que muchas de sus obras tuvieran dos caras, pintaba las dos partes del lienzo.
De entre todos los cuadros expuestos, el más que me gustó fue éste. Además de parecerme muy bonito, me transmitía una enorme ternura que me dejó anclada un rato delante de la obra y tomé la foto (estaba permitido). Había algo misterioso en esa mujer y la ternura que en su conjunto transmitía el cuadro.
Y me llamó mucho la atención este otro. Me resultó curioso e interesante, no solo porque estuviera pintado en el reverso del lienzo sino porque lo estaba boca abajo. Y los tonos, también me invitaban a imaginar algo, a buscarle un sentido y una historia.
Pronto quise saber más sobre el autor.
Me preguntaba quién estaría detrás de estos cuadros.
Y resultó ser un gran artista polaco fallecido en 1.957 , vivió el horror de la invasión nazi a Polonia y los campos de exterminación.  Era muy joven, falleció con 29 años.
Descubrí que para el autor, el color azul simbolizaba la muerte y por eso la intensidad del sufrimiento la expresaba bajo una paleta azul que se va oscureciendo. En la muerte veía algo abstracto en la medida que lo comparaba con la deshumanización que los nazis hicieron a los judíos, cuando entre otras cosas, sustituían los nombres de los fallecidos por números.
De ahí que la mayoría de sus obras tuvieran dos caras en el mismo lienzo, era su manera de ver el horror del holocausto: por un lado la parte abstracta, y por el otro, la realista.

Cuando miras de nuevo sus cuadros sabiendo todo esto, la interpretación que le das es bien distinta.
No cabe duda de que se ve enriquecida, y mucho. Y eso siempre es de agradecer.
Pero lo dicho, es muy recomendable hacer el ejercicio de verlo a priori si saber nada sobre el autor ni las obras. Además de disfrutarlas, haces tuya cada obra dándole tus propias sensaciones y emociones, y así luego también puedes comparar el "antes" y el "después".
En mi segundo recorrido,  hubieron dos cuadros que me impactaron por encima del resto. En uno se deja entrever una ejecución nazi a un polaco judío. Y en la otra, una madre con su hijo muerto.

martes, 1 de diciembre de 2015

Exhibición

Declaración: Hoy me declaro exhibicionista. He salido a la calle y he intentado mostrar la mejor de mis curvas de manera casi permanente.

Agravante: Además, con total premeditación y alevosía.
Bien marcada.

Consecuencia: Muchas cosas se enderezaron.
Como un juego de espejos, comencé a ver curvas como la mía allá donde miraba.

Punto y seguido.

Si quisiera enumerar las cosas que me aporta sumergirme en la lectura de un buen libro, creo que siempre tendría un punto y seguido; d...