martes, 28 de octubre de 2014

Un beso hecho sonrisa

Aquella planta era la más marginada del hospital, estaba ubicada en un semisótano donde intentaban encontrar el remedio para una extraña enfermedad desconocida. Todos los enfermos de esa planta estaban tristes, cabizbajos, faltos de esperanza. Algunos se encontraban totalmente deformados y habían perdido su movilidad por completo. Otros a duras penas aún podían arrastrarse.

Me llamó la atención un anciano en particular, porque su semblante sí era feliz e irradiaba alegría. Me pregunté por qué sería así estando en su situación. Y sin hacerme notar, los siguientes días vigilé de cerca sus movimientos.
Todas las mañanas se arrastraba por el suelo hasta la ventana de su habitación, junto a unos barrotes oxidados. Al otro lado, en la distancia, aparecía una mujer mayor. Los surcos de su cara se acentuaban cuando miraba al anciano y le sonreía.

Entonces la cara de él se iluminaba también y como si de un bálsamo se tratara, era la medicina que durante el resto del día le mantenía feliz.
Hasta el siguiente día que volvía a verla y la escena se repetía.

Una tarde me acerqué a él y le pregunté el por qué de su aparente felicidad. Me contó muchas cosas y entre otras, que cuando enfermó lo primero que se le deformó fue la cara y su esposa le untaba todos los días un remedio casero, que las ancianas del pueblo le habían preparado. Se la untaba en toda la cara menos en una zona que dejaba libre para darle un beso.

Cuando la enfermedad se agravó los facultativos decidieron ingresarlo y aislarlo. No dejaron a la esposa ir con él ni visitarlo por el peligro de contagio, pero todas las mañanas ella regresaba hasta el hospital y desde el único lugar donde podía acercarse, le miraba a los ojos y le sonreía.

domingo, 26 de octubre de 2014

Eclipse.

Había pensado con milimétrico detalle lo mal que podría pasarlo ese día.
Se había convencido de que esa especie de primer aniversario haría que sus ánimos decayeran y eso la asustaba porque sabía la amplitud de dicho sentimiento.
Como cuando alguien sacude una telaraña, así hizo con el pensamiento.
Decidió que no quería poner la venda antes que ha herida.
Y ahí lo dejó, no lo tapó ni ocultó, no lo encasilló en el olvido. Pero sí que se centró en todo lo bueno que sucedía en su vida.
Aprovechó para momento para ser feliz, estaba pletórica de energía, de ganas, de mucha ilusión.
Hacía tiempo ya que se encontraba así.
Y no fue un ejercicio premeditado, ni una manera de compensar la balanza del lado positivo.
Simplemente se dejó llevar por sí misma, por su forma de ser y por lo agradecida que estaba al mundo de vivir lo vivido.
Y entonces fue cómo sucedió. Fue un olvido no premeditado, sino totalmente natural y espontáneo, hasta inesperado.
Sólo al llegar la hora de irse a la cama, del día en cuestión, alguien le preguntó "¿qué día es hoy?" y aunque la pregunta no tenía intencionalidad ninguna tan sólo anotar el dato en un documento, ella interpretó que sí.
Y tras varios segundos creyendo que se le había pasado algo importante, tipo la fecha de cumpleaños de alguien conocido, cayó en la cuenta de que había sido el día "señalado" como negativo y malo, el día que temía por sus ánimos. Y resultó que ni se acordó de ello!!!!!!
Pasó a la historia con gloria pero únicamente porque la capa negra que pensaba iba a sembrarse sobre ese día, sobre ella en cuestión, se vió eclipsada por un sol tan brillante como espectacular.
Pleno, armonioso y lleno de luz, de mucha luz.
Nadie quiso poner zancadillas a los acontecimientos pero sí al pensamiento.
Aquel día casi lejano en que milimétricamente pensaba en cada detalle, ella puso la señal de Stop, aunque no las tenía todas consigo de que lo conseguiría llegado el momento.
¡¡Pero vaya si lo consiguió!!
A esto le llamo yo, una victoria con mayúsculas.

domingo, 5 de octubre de 2014

Ruído de fondo

Me gustó mucho este artículo de Francesc Miralles. Comparto y suscribo sus palabras.
"Una de las virtudes que ha dado al ser humano ventaja evolutiva sobre otras especies es su capacidad para anticiparse a los acontecimientos. Desde que tenemos consciencia de nosotros mismos y de nuestro entorno, hemos aprendido a predecir el clima y a programar las cosechas. Los economistas se adelantan a los cambios de ciclo y los expertos en tendencias pronosticas lo que "se llevará".
El problema viene cuando esa herramienta se usa para la vida personal en clave negrita y sin razones objetivas. Hablamos de las preocupaciones que devoran nuestro espacio mental y nos impide disfrutar de lo que nos ocupa en el día a día.
.......
.......
Estadísticamente, se ha comprobado que la mayoría de cosas que tememos nunca llegarán a suceder. Muchas personas viven torturadas ante la posibilidad de perder el empleo, la pareja o la salud, o de que sus hijos o familia puedan sufrir algún daño. Esta alerta roja no contribuye en nada a la calidad de vida de la persona, ni tampoco sirve para prevenir los verdaderos problemas, que a menudo vienen por donde uno menos espera.
Las preocupaciones son un ruido de fondo que no nos deja disfrutar de la música cotidiana. Y, de hecho, nos hacen sufrir más que los problema reales.

Cuando nos enfrentamos a una repentina dificultad, nos volcamos en dar lo mejor de nosotros mismos.
Cambiamos preocupación por acción y nos sentimos bien cogiendo el toro por los cuernos. Se padece más pensando en un naufragio que luchando con la nave par llegar a tierra.
Por lo tanto, cada vez que te asalta una preocacíon, puedes hacerte la siguientes preguntas:
-¿Qué seguridad tengo de que esto vaya a suceder?
-¿Y, en ese caso, que es lo más grave que podría ocurrir?
-¿Sirve de algo preocuparme ahora?
-¿Qué otra cosa útil puedo hacer ahora mismo, en vez de angustiarme por lo que tal ve sucederá?

No hay mejor disolvente para el miedo y la ansiedad que ponernos a hacer algo de valor, aunque no tenga nada que ver con nuestras preocupaciones. Cuando estamos activos, fluidos con la vida y logramos avanzar, dejando atrás nuestros miedos. Algunos temores seguirán latentes, pero su poder menguará porque no tendremos tiempo de ocuparnos de ellos.
Jhon Lennon decía que la vida es aquello que nos sucede mientras nos empeñamos en hacer otros planes . Yo añadiría que no hay mejor plan que hacer en el día de hoy lo mejor que podamos. El mañana puede esperar."

viernes, 3 de octubre de 2014

Sin libro de instrucciones

¡¡Grande Quino!! ¡¡Grande Mafalda!! Es increíble la manera en que esta niña me arranca una sonrisa siempre que tropiezo con ella.

Punto y seguido.

Si quisiera enumerar las cosas que me aporta sumergirme en la lectura de un buen libro, creo que siempre tendría un punto y seguido; d...