viernes, 29 de marzo de 2013

Semejanzas

Tan diferentes no éramos a los del siglo XII.
Ya entonces sentíamos igual. Pensábamos en cosas parecidas.

" Si te aceptan, no lo consideres un triunfo.
Si te rechazan, no te sientas nunca vencido".

(Farid-Ud-DinÁttar- siglo XII)

Simplemente.

Decidió avanzar sin dudar, convencida más del éxito que del fracaso.
Su mente memorizó lo que su alma atesoraba, cada una de las piezas de un gigante puzzle.
Ella era una pieza más, solo que esta vez encajaba a la perfección con todo lo demás.
Etiquetó cada sentimiento, enumeró las sensaciones, revivió las emociones.
De repente rió, amó, jugó, abrazó, sonrió, compartió, animó, confió, besó, acarició, acompañó, alentó........vivió.

Y a modo de juego, guardó cada instante en un baúl.
Proyectó el recuerdo en aquella imagen y enumeró una vez más cada pieza hasta que los números desaparecieron entre sus dedos y el infinito entre sus sueños.
No hay lugar hasta el que llegar.
No hay distancia que abarcar.
Es superior a todo lo demás.

domingo, 10 de marzo de 2013

Caleidoscopio de vida.


Me encantó este artículo de la periodista Angeles Caso.
Suscribo cada una de sus palabras.
Tampoco doy importancia al poder ni a las cuentas bancarias. En cambio si a otras muchas cosas que para otros puedan carecer de valor.
Pido lo mismo, para mi lo más importante del mundo.
Me gusta tropezar con artículos como este, porque te hacen poner los pies en el suelo y me recuerdan cosas de vital importancia que en ocasiones se olvidan.

Un abrazo a todos. Y gracias a ti, Roberto, por hacérmelo llegar.
Neli.

"Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo."

Abrigo de Luz.

"Que la luz alumbre tu camino.  Que las estrellas guíen tu búsqueda. Que la dulce lluvia acaricie tu corazón.  Que la suave...