domingo, 24 de junio de 2018

Cultura inmaterial.


Qué bonitas son las tradiciones, vistas y vividas desde el respeto.
Costumbres que se repiten año tras año, con un fin y significado particular.
Y no hace falta comulgar con ellas, ni seguirlas o practicarlas, para querer conocerlas y entenderlas.

Ayer vi la película "Coco" (Píxar) que trataba sobre el Día de Difuntos y me gustó mucho. Por sus personajes tan expresivos, por las costumbres tan bien perfiladas, porque es colorida, brillante y emotiva. Porque es alegre en el reencuentro y triste en la ausencia. Y sobre todo porque aprendí y quise saber más sobre esta tradición tan curiosa como bonita y antigua en el tiempo.
Fue declarada por la Unesco, en el año 2008, "Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad".

En México existen muchas comunidades indígenas que celebran el Día de Difuntos con todo un ritual de preparativos. Y aunque las culturas entre unas comunidades y otras puedan variar, hay un denominador común en todas ellas; la forma de celebrar y la calidez de recibir con respeto y alegría las almas de aquellos familiares que murieron.

Se parte de un concepto singular de la persona, según la cual la existencia es posible más allá de la vida humana.  Se cree que el destino de los difuntos es entrar en otra comunidad similar al que habitan los vivos, donde la gente convive en sociedad.


Los familiares recuerdan a sus difuntos haciendo un altar, en un lugar principal de la casa.
Los recuerdan colocando sus fotos, porque dicen que así es como tenerlos físicamente.
Adornan con velas y flores de cempasúchil, una planta autóctona de México y América Central.


Por último, colocan bebidas y comida, en ofrenda a los difuntos.
Cuando son niños también suelen colocar algún juguete o figuras de angelitos.

Utilizan los pétalos de Cempasúchil para marcar el camino que las almas recorrerán y así disfrutar del gran banquete, además de impregnar el ambiente con el aroma del copal, que luego usarán para bendecir la ofrenda.
Para adornar hacen arcos con esa flor, también alfombras y collares. Pero nunca coronas.

Toda las calles y cementerios se visten de flores y papel picado; un papel de seda que recortan de manera artesanal formando diferentes figuras.


Los colores del Día de Difuntos son llamativos, vibrantes, alegres.
Y cada uno tiene su significado.
El amarillo simboliza la luz y la vida, es la guía para las almas de difuntos.
El morado es el color del luto de la celebración.
El negro representa el sitio de los muertos.
Y el blanco es luz, inocencia, pureza. Representa el cielo.

El punto álgido llega a las 06:00 del día 1 de noviembre cuando los difuntos han terminado su trayecto y ya están en casa de sus familiares con el propósito de convivir por un día vivos y muertos.
Es una celebración de reencuentros, de solidaridad, de recuerdos.
Festejan la tradición, el ritual, y el fortalecimiento de los lazos familiares.
Es un día de respeto y no de miedo.

(Gracias Ana Luisa - mi buena amiga- aunque en tu región no se celebra esta tradición (lástima no haberla conocido por ti de primera mano con tus relatos e historias) me has confirmado que ahí se habla mucho de la película, diciendo que es fiel reflejo de la realidad).

lunes, 18 de junio de 2018

Epicentro.



Que nadie altere esa parcela íntima y personal, llamada felicidad. No lo permitas.
Que ni se atrevan a decirte cómo debe ser y qué debe contener. Oídos sordos.
Sólo tú lo sabes.
Lo sientes.
Tienes la profunda y amorosa certeza de estar en lo cierto.

Confía en lo que anida en tu interior y en quienes habitan tu universo particular. Son capaces de colocarte, una y otra vez , en el epicentro de la felicidad cuando tus propios ruidos te dispersan.
Esfuérzate en mantenerlo protegido, cálido, sereno, secreto, confortable, alegre, luminoso y constante.

(Fotos propias: Parque de El Capricho, Madrid)

viernes, 15 de junio de 2018

El patio de una casa de Delft.


El sentimiento está en el arte, por encima incluso del autor.
Es la primera idea que me vino a la cabeza al ver este cuadro, ya catalogado como uno de mis favoritos.

Mientras Vermeer y otros pintores Holandeses de la época, pintaban magistralmente escenas cotidianas del interior de las casas de Delft, aparece Pieter de Hooch y le da la vuelta a la escena, retratando lo que sucede al otro lado. En los exteriores y los patios de las casas de Delft.

Hay que recordar que para los pintores Holandeses de aquella época, el orden y la limpieza simbolizaban las mejores virtudes del ser humano, la decencia, el trabajo duro y la honradez. Así que corresponde a cada espectador, el ejercicio de dar un paso más allá en ese contexto e interpretar lo que nos quiso decir el autor al respecto.
Yo pienso que Hooch, sabedor de lo que sería una parte denostada de su querida Holanda, quiso dejar constancia de la misma y de la belleza inigualable que poseía. ¡Y vaya si lo consiguió!

La primera vez que vi esta obra, consiguió captar toda mi atención y detuvo mi mirada en cada milímetro de los trazos pintados. Seguía avanzando y viendo otros cuadros pero pronto volvía a éste nuevamente.
Me gusta la naturalidad de la escena, la autenticidad del momento; una escoba en el suelo, una madre con su hija que parecen venir del gallinero donde la pequeña lleva en su regazo algo.
Instantes de una vida real y cotidiana. Simple, sencilla, pero hermosa.
No hay posados ni escenarios perfectos y estudiados. Solo el momento y la magia de captarlo tal cual, con un realismo ejemplar.
El manejo de la luz es increíble, y esa paleta de colores me enamora.
Sublime la ternura que transmite.

Para quienes se aventuraron a decir que era un escenario inventado, solo tuvieron que seguir la pista de la placa que se ve sobre el arco, ha sobrevivido y dejado un rastro imborrable hasta el Hieronymusdael Cloister. En el mismo corazón de Delft.
En el mismo corazón que Pieter de Hooch, allá por 1658.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Isla de contrastes.

El Hierro, es la isla más occidental y meridional de todo el archipiélago Canario.
Ideal para una escapada, para desconectar y recargar pilas.

Es la isla de los micro climas por excelencia.
De naturaleza abrupta, indómita y salvaje.
Una romántica y bucólica tierra de brumas.
En cualquier momento, cuando menos lo esperas, envuelve el paisaje y te envuelve a ti.

El Sabinar de La Dehesa es un paraje de obligada visita. Rodeado de Sabinas, estos peculiares árboles doblados por el viento que representan una naturaleza viva y auténtica. De profundas raíces, que crecen incluso en sustratos rocosos.
Sus increíbles formas parecen sacadas del mejor cuadro surrealista.


El Roque de Bonanza, en Las Playas, es otro Espacio Protegido y muy recomendable.
Una formación volcánica emerge de las profundidades marinas, imponiéndose en tamaño y forma. Conserva bajo ella, una importante vida marina de flora y fauna.



Desde los muchos Miradores de la isla, puedes deleitarte con sus enormes precipicios que desembocan en mágicos paisajes costeros, algunos casi vírgenes.
De mucha calma y tranquilidad.


Se encuentra en El Hierro, uno de los tres Hoteles más pequeños del mundo, registrado así en el Libro Guinness de los Récords.
El Hotel "Punta Grande" situado en la misma costa, o mejor dicho casi dentro del propio mar, del Océano.
Buenas vistas al son del arrullo de las olas.


Es una isla de contrastes.
En pocos minutos puedes pasar de estar junto a las secas Sabinas y sus formas inimaginables, a hallarte en medio de un húmedo bosque lleno de vegetación.
Paisajes de cuento, bajo la bruma o el sol.


Como un regalo sorpresa, la isla nos muestra el Faro de Orchilla.
En pocos lugares sentirás con tanta intensidad y realidad, estar ante el fin del mundo.
Parece mentira que en una isla tan pequeña y remota, se halle algo tan sublime e importante. No hay que olvidar que hasta que América fue descubierta, este lugar era el punto más occidental del "mundo" y durante muchos siglos fue también el punto de paso del Meridiano Cero.


Su nombre también tiene una historia, que tal vez muy pocos conozcan.
Una historia que une a las islas Canarias (en especial El Hierro junto a Lanzarote) con los antiguos Romanos y Fenicios.
La orchilla es un líquen que produce tinte púrpura, por su contenido en Orceína. Ese líquen abunda en esta isla por darse las dos condiciones propicias para ello: humedad de las rocas costeras y salitre marino.

En la época Romana y Fenicia (a.c.), ese color estaba relacionado con la distinción y el poder.  El tinte lo usaban en sus capas, en las alfombras de palacio, cortinas, sillones, etc...

Los Fenicios eran grandes navegantes, y aunque no desvelaron la situación del territorio desde donde la traían, se cree que fuera este rincón del Atlántico. A ellos (a los Fenicios) se les atribuye el nombre por el que se conocieron las islas en la Antigüedad: Islas Purpúreas, Islas de la Felicidad, o Islas Afortunadas.

(Fotos: Propias).

sábado, 26 de mayo de 2018

Los que no se ven, pero se sienten.


Qué gran verdad esa, de que un libro te lleva a viajar lejos.
Nada más y nada menos que a Islandia, me he ido.
De la mano de Xavier Moret y su libro "La isla secreta: un recorrido por Islandia".
Aprendí muchas cosas nuevas: su interesante historia, sus increíbles leyendas, la manera de vivir de los lugareños, las costumbres, sus Sagas....
Recorrí lugares de ensueño en medio desiertos de lava y piezas de iceberg. Bordeé caminos de montañas, ríos y cascadas.
Sentí una calma de abrigo, como si también "los que no se ven" te dieran la bienvenida.
Y el paisaje ante mis ojos, me dejaba sin aliento. 



Descubrí que es Islandia una joven tierra, latiendo al margen de los ritmos ajenos y fiel a los suyos propios.
De naturaleza tan auténtica como sorprendente e imprevisible.
Tanto de geíseres expulsando de sus entrañas, agua y vapor. Como de piscinas geotermales, ricas en sales, minerales y sílica. Algunas además, con algas azules que le confieren la tonalidad.




Es esta isla, una tierra de grandes ancestros, de raíces guerreras Vikingas, de espíritus indomables.
De costumbres recias, de conquistas, leyendas y ensueños.
Un lugar donde la realidad supera todo lo imaginable, y te sorprende a cada paso que das.


La misma brisa que acaricia sus cimas y valles, viene a buscarme personalmente.
Me llena con palabras islandesas que no sé entender aún, pero sí interpretar.
Se funden en mi interior tres grandes conceptos:
Libertad.
Hogar.
Felicidad.


Me atrae este rincón del Planeta, como esos imanes de neodimio. No puedo, ni quiero, resistirme. Es inevitable que suceda.
Sé que me reconoce porque ha estado en mi imaginación y en un lugar especial de mi corazón, desde que era niña.
Y también sé que me regala todos los sueños secretos que he tenido desde entonces, para que los haga realidad a su lado.

lunes, 21 de mayo de 2018

Día a día.



"En tu corazón, conserva un lugar sereno y secreto,
 donde los sueños puedan refugiarse y crecer."
(L. Driscoll.)
(Foto: propia)

Cultura inmaterial.

Qué bonitas son las tradiciones, vistas y vividas desde el respeto. Costumbres que se repiten año tras año, con un fin y significado p...