lunes, 3 de diciembre de 2018

Aleteo.


"No voy a morir después de no haber vivido la vida.
No voy a vivir con el miedo
a caerme, o a quemarme.
Elijo habitar mis días,
permitir que la vida me abra,
me haga menos temerosa,
más accesible,
que me haga liberar el corazón hasta que
se convierta en un ala,
en una antorcha, en una promesa.
Elijo arriesgar mi importancia;
vivir de tal manera que lo que vino a mí como
semilla
pase a la siguiente vida como una flor
y que lo que vino a mí como una flor
pase como un fruto."
(Dawna Markova)

(Fotografía: Isla Kalsoy (Las Feroes) Autor: Wojciech Kruczynski)

lunes, 26 de noviembre de 2018

Suave, sereno.



Lo más habitual es que una canción nazca para ser disfrutada desde el minuto cero. Hay todo un marketing detrás, las tendencias, y grandes compañías que conocen bien el Mercado. Hoy en día hay muchas más, en el año 2.001 cuando nació esta canción habían notoriamente menos.
Existen también las motivaciones personales de cada uno al elegir, y los gustos que musicalmente nos van definiendo en cada momento en que nos encontramos.

Pero luego está lo menos habitual, el hecho de que una canción nazca para "alguien" casi 17 años después de que fuera creada, lanzada al mercado, y seguida y escuchada por tantas personas.
Nunca seguí a Miguel Bosé. Creo que principalmente por motivos generacionales. En ciertas edades y en algunos casos, una o dos décadas de diferencia marcan pronunciadas distancias.

Me pregunto si en el año 2.001 que lanzó esta canción, él pudo imaginar que alguien la iba a descubrir por primera vez, 17 años más tarde. Con esa suerte de efecto sorpresa, de novedad, de agradar, y querer escucharla una y otra vez.

Sin duda la música es atemporal por naturaleza y derecho propios. Pero nosotros también contribuimos a que sea así.
Letra y melodía.
Es este un vídeo suave. Con la única fuerza de las miradas, sonrisas y esa envolvente voz que parece abrazarte todo el tiempo, de manera cercana.
Miradas del pasado, que se repiten hoy.
Sonrisas del pasado, que se solapan a las de hoy.
Es como ver lo ya visto. O vivir lo ya vivido. O lo que queda por venir. Pero hacerlo como si fuera la primera vez.

viernes, 26 de octubre de 2018

Luz silenciosa.


Tiene las tardes de Otoño, una luz especial. 
Serena, calmada, llena de paz.

Una luz que calienta mis pestañas 
y cobija mis pasos al andar.

Una luz que prende otra dentro de mi
y garabatea sonrisas con olor a castañas y miel.


(Foto propia. Octubre 2018)
Hecha con el móvil por las calles de Vegueta- Las Palmas de G.C

martes, 16 de octubre de 2018

Destacable.


El otro día tuve que ir a un Organismo Público, a que me ayudaran en una gestión.
En vez de encontrar ayuda, encontré a una empleada con cero empatía, muy desagradable pero que dominaba la sutil línea entre lo admisible e inadmisible. Así que me callé mientras ella metía el dedo en la llaga, hurgaba y hallaba satisfacción en ello.

Cierto que me dolió, las personas de bien no somos de piedra.
Hasta que me dije, voy a seguir adelante, y dejar atrás a esta pobre con su frustración y amargura. Porque, bajo mi humilde opinión y por encima de cualquier circunstancia, alguien que en su trabajo se comporta así con un cliente, debe tener una vida muy amargada.

Así que este libro, que cayó en mis manos justo ese mismo día, fue muy oportuno.
Sería una frivolidad por mi parte comparar ambos temas, pero es que la casualidad me llevó de una cosa a la otra. De un defecto a una gran virtud. De cero empatía, a infinita empatía.

Se trata de un diario escrito durante la Segunda Guerra Mundial por una joven judía de 27 años, llamada Etty Hillesum. Ella nace en una familia acomodada y pronto destaca por ser una persona intensa, amante de la lectura y los estudios.
Trabajó como mecanógrafa en una Organización nacida bajo la presión de los Alemanes, que actuaba de puente entre los nazis y la población judía.

También trabajó como asistente y enfermera en Campos de Concentración y viendo lo que sería inevitable, dejó de aceptar los escondites que le ofrecían y se entregó de manera voluntaria a las SS.
Fue su deportación y su manera de solidarizarse con los demás perseguidos.
Era tal la empatía que poseía, que fue la voz de todos ellos, fue el dolor, el sufrimiento, el desgarro, la pérdida, la soledad, la muerte.....propia y ajena.

De la lectura de este libro se desprende de manera sobresaliente, la gran humanidad de la protagonista.
Su sensibilidad. Su valentía. Su empatía.
Y esa innata capacidad para ofrecerse y darse a los demás.

Esta imagen, tan contrastada con los tiempos oscuros que le tocó vivir, me recuerda a ella. Y a una de sus frases (pensamientos) que más me gusta:


"Si uno carga el futuro de preocupaciones, 
no puede crecer de manera orgánica.
Confío mucho,
no en que vaya a tener éxito en las cosas del mundo,
pero sí en que, aunque las cosas me salgan mal,
la vida me parecerá buena,
me parecerá que merece la pena vivirla."

Etty Hillesum (1914-1943)

viernes, 12 de octubre de 2018

Supercondriaco


Me encantan las sesiones de Cine en Casa.
Sofá, buena compañía, mejor de noche, paz, calma.....
....y en esta ocasión una comedia divertidísima titulada "Supercondriaco". Y no enlazo el trailler porque no le hace justicia, para nada.
La proyección lo supera con creces.

No recuerdo haberme reído nunca tanto con una película.
Desde que empezó hasta que terminó, es tremendamente divertida.

Está muy lograda la temática.
Los actores lo hacen muy bien.
Transmiten mucho.

Entran nuevos personajes en escena, todo se enreda, se confunde, la bola se hace cada vez más grande.... Más carcajadas...
Un sinfín de detalles.

También me gustó porque es una película blanca, con un trasfondo de compañerismo, de empatía, de solidaridad...

Pienso que la risa es un bálsamo que todos necesitamos, en dosis certeras.
A la hora de ver una película me muevo, como con casi todo en mi vida, por emociones.
Me da igual quién sea el director, o el actor que trabaje en ella, me da igual las campañas de marketing que le hagan.

Lo que me movió anoche a ver "Supercondriaco" fue saber que era una comedia (me apetecía ese género) y que tras los primeros 3 minutos de proyección caí rendida a carcajada pura.
Me enganchó, ya no me solté, y el resto fue un disfrute total.

sábado, 6 de octubre de 2018

¡A por ello!


"A la cima no se llega superando a los demás,
sino superándonos a nosotros mismos". 

(Foto propia: Stein am Rheim - Suiza)

domingo, 30 de septiembre de 2018

Sinestesia.


Siempre han estado ahí, sólo necesito darle a la tecla correcta para verlos.
Justo en ese momento, cuando suena su música (y solo con su música) comienzo a ver este particular baile de círculos concéntricos.
Se contraen, se expanden.
Salen, entran.
Juegan, ríen.
Lo llenan todo, no hay huecos vacíos.
No paran de moverse en perfecta armonía con la pieza musical que suena.
Y solo desaparecen cuando termina la última nota.

Las obras de Mozart.
Cualquiera de ellas.
Mi compositor favorito de música clásica de todos los tiempos.
Esa es para mi, la tecla que debo tocar. Solo entonces me sucede esta especie de sinestesia.

El genio. El duende.
Lo sublime.
Lo excelso.
Lo magistral.
El amor sin límites por la música, hasta la extenuación.
Lo pícaro.
Lo osado.
La alegría y la belleza.
Lo armónico.
Lo perfecto.
Lo innato.
La facilidad para llenarlo todo con su presencia y hacernos ver que la música estaba (está) dentro de él. A todas horas, en todo momento. Incluso sigue hoy, aquí, ahora. Y en un futuro...

Esta Sinfonía Nº41 (una de mis favoritas) fue la última que compuso Mozart. Y tristemente no llegó a disfrutar del éxito de la misma, porque fallecería al poco tiempo.

En aquel momento, la bautizaron como "La Sinfonía Júpiter",por el inmortal Dios Romano, pues decían que esa melodía era digna de los oídos del Supremo.

También hoy en día, se la conoce como Sinfonía de La Fuga Final (pero mejor escuchar el final y no dar explicaciones del por qué este nombre). O mejor aún, escucharla entera!!





Aleteo.

"No voy a morir después de no haber vivido la vida. No voy a vivir con el miedo a caerme, o a quemarme. Elijo habitar mis d...